Monasterio de San Juan de Caaveiro

Siguiendo la carretera que parte del lugar de Esteiro y bordea el río Eume hasta el encuentro con su afluente, el Sesín, se llega al monasterio de San Juan de Caaveiro.

Está situado en el corazón de la última fraga atlántica autóctona, apenas de 14 Km de Pontedeume.

Monasterio de Caaveiro
Foto: Tono Pazos

Los orígenes de este monasterio están encuadrados en el movimiento eremítico que, nacido en los primeros siglos del cristianismo, tiene una especial incidencia en la alta edad media.

Así, al abad Exum y sus compañeros Velasco, Frugulfus y Astrudifus, fueron donados por San Rosendo entre 936 y 940 bienes inmuebles (casas y tierras) y muebles (libros y objetos de culto) según el primer documento conservado del Cartulario de Caaveiro.

Este será el principio de las numerosas donaciones que recibirá el monasterio, especialmente durante los siglos XII y XIII.

Pero si esta donación fue importante para consolidar la entidad del eremitorio como futuro monasterio, no lo fue menos la realizada por don Bermudo, de difícil datación debido a un incendio que afectó al Archivo de Caaveiro entre finales del siglo X y la primera mitad del siglo XI.

El impulsor de su reconstrucción, con numerosas y cuantiosas donaciones, sería Alfonso VII, hasta tal punto que, con San Rosendo, los clérigos lo consideraron el fundador.

Monasterio de Caaveiro

La conversión del cenobio en monasterio de clérigos regulares se produjo con posterioridad a 1039, año en el que se funda la congregación de San Rufo, la que probablemente perteneció a Caaveiro.

Al abad Tedón, que estuvo al frente de la comunidad monacal en la segunda mitad del siglo XI y principios del XII, se le debe esta transformación. A partir de entonces, los clérigos estarían sujetos a la Regla de San Agostiño, lo que conllevaba una vida muy distinta a la de los monjes.

El número de habitantes varió a lo largo del tiempo; en la donación de San Rosendo se cuentan cuatro residentes, en la de don Bermudo nueve -número que también hubo en el siglo XIV- y ya en la edad moderna se reduce a seis, que son los que permanecerán hasta poco antes de su abandono. A principios del siglo XIX queda deshabitado.

Monasterio de Caaveiro

Desde 1841, en que el Estado incauta las propiedades de la colegiata, se deja de celebrar misa diaria estipulada en la Real orden de extinción en 1800.

En 1848 los objetos religiosos son trasladados a otras iglesias y la degradación del lugar aumenta hasta que en 1890 Pío García Espinosa, un abogado asentado en Pontedeume, afronta la tarea de reconstruir y revitalizar Caaveiro.

Así, el 30 de Agosto de 1896 se hace una inauguración solemne en la que se pueden apreciar los cambios sufridos por el monasterio; de la seis casas de clérigos existentes, sólo se reconstruyen dos de las más deterioradas, siendo demolidas las restantes, lo que también sucede con la iglesia principal o colegial -sólo se restaura la más pequeña, la de Santa Isabel.

Monasterio de Caaveiro

A partir de este momento don Pío García y su familia pasan cortas temporadas en Caaveiro, mientras un colono que habitaba en la antigua «casa de los caseros» se encarga de las labores agrícolas.

El último casero del monasterio, entre 1928 y 1956, será José Ramos Fernández, aunque hasta los años 70 seguirá trabajando las tierras como arrendatario.

El 13 de Agosto de 1971 un decreto del M.E.C. declara a la comarca Eumesa Conjunto Histórico-Artístico y Paisaje Pintoresco, incluyendo también Caaveiro.

Monasterio de Caaveiro
Foto: Pablo Molares.

Por fin, en 1975 otro decreto declara el monasterio Monumento de Interés Histórico-Artístico y ya en 1980 se produce la expropiación de todos los terrenos.

Pese a las campañas arqueológicas, comenzadas en 1987, y los tímidos intentos de restauración, no se consigue frenar el progresivo e inexorable deterioro. La declaración de las fragas del Eume como parque natural sería el primer paso cara a la salvación de Caaveiro.

El monasterio de Caaveiro sufrió a lo largo de su historia numerosas reformas que fueron modelando su estructura; pese a los diversos cambios, la disposición y funciones de las distintas dependencias estuvieron condicionadas por factores que se mantuvieron invariables, y que son: el contorno -pocas facilidades para la explotación agrícola y las comunicaciones-, la localización, el tipo de orden -los clérigos tenían criados y casas- y por último, el escaso número de habitantes.

Estancias y dependencias

La torre-campanario

Se halla sobre la antigua entrada al monasterio, fue reconstruida en 1750.

Las iglesias

Antes de la última reconstrucción, Caaveiro tenía dos iglesias. La principal o colegial, con unos 12,40 m. de largo (hoy desaparecida) y la que se conserva, de Santa Isabel.

Las porterías

Poseía dos: la portería de abajo, situada en la zona inferior de las construcciones más orientales, y otra llamada de arriba, a la altura de la torre-campanario.

Las casas, cuartos o celdas

Los clérigos habitaban seis cuartos o celdas, una de las cuales se denominaba «principal«, posiblemente por estar habitado por el superior. Posiblemente, existen otras instalaciones comunes, todas con balconadas.

El archivo

Durante la mayor parte de la historia del monasterio fue un arca cerrada con tres llaves, situada en la iglesia principal, pero en el siglo XVIII aparece citado en la documentación el denominado «cuarto del archivo«, con una localización desconocida.

Las construcciones enterradas

Son dos de diferente configuración: una, laberíntica y de función desconocida. Otra, organizada en tres estancias consecutivas que posiblemente servirán de almacén.

Fuera del monasterio existían otras casas para albergar a los criados y los animales de carga, y un molino.

El cementerio

Caaveiro carece de campo santo. La iglesia era la que servía de enterramiento para los clérigos y otras personas.

El cabido

Salón situado junto a la sacristía, destinado a albergar las reuniones de los clérigos.

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