
Muralla de la Villa
Ya desde que Pontedeume surgió a orillas de la desembocadura del río Eume, la actitud defensiva de la época contra posibles ataques movió la idea de Fernán Pérez de Andrade
En la Baja Edad Media solían hacerse construcciones en el centro de las villas que dieran muestra del poderío de sus señores feudales. Así nació el Pazo (Palacio) de los Condes de Andrade, el cual sufrió en sus muros las revueltas Irmandiñas y los incendios de los siglos XVI y XVII.
En el siglo XX, perdidas ya sus connotaciones señoriales y convertido únicamente en un símbolo, pasó a manos del Concello.
Con el paso del tiempo y ante la falta de responsabilidad de las instituciones del momento, el edificio pasó a formar parte del recuerdo, acabando derruido entre 1935 -cuando caen sus últimos restos- y la llegada de la Guerra Civil.
El pazo fue levantado por Fernán Pérez de Andrade entre 1370 y 1380. Sus dos nexos más importantes eran el Torreón y la capilla de San Miguel. Además existía un foso que rodeaba el edificio completamente.
El Concello se lo compró a su último dueño, el Duque de Alba, en 1905 y en 1924 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.
Tras varios intentos de demolerlo y también de restaurarlo, la falta de entendimiento y acuerdos iba jugando en su contra, produciéndose un continuo deterioro en el monumento, provocando su irremediable desaparición. En su lugar, y en el año 1942, se levantó la actual plaza del mercado.
Aunque quedan algunos vestigios de lo que fue el pazo, el símbolo más importante que se conserva es el escudo que presidía la fachada principal del edificio, ahora colocado en el frontal del Torreón.

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